
DIARIO DEL CAMINO
6ª ETAPA BURGO RANERO-HOSPITAL DE ORBIGO (12/5/2009)
Hoy he dormido muy poco y no me levanto bien, se que es imprescindible descansar para poder afrontar a diario etapas tan exigentes como las que estamos haciendo. Volvemos a nuestro desayuno estrella “arroz”, pero apenas tomo nada. Luis se da cuenta y me lo recrimina ya que anoche tampoco cené bien. Un montón de llamadas hizo que me tuviesen que recalentar la cena en el restaurante, pero es que tengo la misma necesidad de hablar con la gente que quiero como de comer.
Comienzo a correr y desde el primer paso la rodilla me recuerda que está ahí, durante los primeros 5 minutos paro al menos en 10 ocasiones, no se si tanto por el dolor de la rodilla o por las malas sensaciones que tengo, mi amiga “fatiga” vuelve a la carga y ahora con ventaja ya que no hice mis deberes con dormir todo lo necesario. Me alcanzan en poco tiempo mis escuderos y Luis ya viene con comida, “come algo que hoy no me has desayunado”. Va gastando bromas, creo que me nota en la cara que no me encuentro bien, aún así los kilómetros van pasando, el cuerpo no deja de quejarse y la cabeza no responde bien, parece que en cualquier momento me voy a quedar dormido mientras corro.
Ya llevo así casi dos horas y cuando entramos en Mansilla de las Mulas les pido que se vayan al primer bar que encuentren y me pidan un café sólo largo, mientras voy cruzando en pueblo me encuentro a Luis que me llama desde la esquina de una plaza donde hoy había un mercadillo, flores, fruta, ropa lo que quisieras. Me tomo el café y arranco a ver si tengo un poco de suerte y supero este bache, en la plaza un grupo de ciclistas con los que me voy cruzando no dejan de animarme, al principio pensaban que nos turnábamos las bicis y que todos corríamos un rato, “eso quisiera yo”, les dije aunque no es cierto, estoy haciendo lo que realmente quiero y eso es un lujo. Cruzo el pueblo y un chico asiático me pregunta que donde esta mi bici, otro más que lo pregunta, no os hacéis una idea la gente que lo ha hecho. Le contesto que no llevo bici, que lo estoy haciendo corriendo….y se volvió loco, salió detrás de mí corriendo y gritando con su mochilón a cuestas que quería hacerme una foto, en esos momentos llegaron Luis y Vicente que se morían de risas de ver al pobre chico gritando sorprendido cada vez que me quería decir algo.
Continuamos dirección a León y es entonces cuando Luis me reconoce que me había visto mal, “bastante mal” le dije. En esos momentos sólo debes pensar que este mal rato lo superarás. Sigo comiendo, hoy más que nunca ya que sin el desayuno era mi manera de mantenerme fuerte. Mis chicos se paran a almorzar y yo continuo corriendo, en ocasiones me pregunto cómo soy capaz de correr durante tanto tiempo. Entro en León, una ciudad más conquistada y esta es la última de las grandes ahora sólo queda Santiago y esto marcha bien. Junto a la catedral me vuelvo a encontrar con los ciclistas que había dejado en los pueblos anteriores y me siguen animando, recibo muchas muestras de cariño todos los días de la gente con la que nos cruzamos.
Recibo una llamada de Jose que ayer me dijo que me vendría a ver hablo con el y quedamos para comer en el siguiente pueblo La Virgen del Camino, por primera vez en todos estos días hemos comido bien, apenas se encuentran lugares donde el menú del peregrino sea algo típico de la región por la que estas pasando, todo se basa en ensalada, un poco de pasta y algún filete. Pero hoy ha sido diferente y me alegro que haya sido el día que nos visita Jose. Guisado de liebre, ensalada de alubias, albóndigas caseras, mouse de chocolate un café y………joder ¿ahora quien corre.?, pues el de siempre.
Rumbo a Hospital de Orbigo y mientras tanto hablo un rato por teléfono con todo el que me llama, cuando lo llevo encima para escuchar música contesto a todo el mundo, así se pasa el tiempo volando y como todos los días mi escudero en la distancia “Antonio” se interesa por mi estado. Ya hemos llegado a nuestro destino sólo falta cruzar el puente sobre el rio Orbigo sobre el que cuentan esta leyenda…
PASO HONROSO
Cuenta la leyenda que el caballero leonés Suero de Quiñones pidió al rey Juan II de Castilla permiso para la celebración de un torneo donde debería batirse con todos los caballeros que intentasen cruzar ese puente. Si se negasen a luchar debería dejar un guante en señal de cobardía y atravesar el rio vadeándolo.
La justa o torneo tendría que mantenerse durante un mes en que Suero de Quiñones estaría acompañado de sus mejores amigos. Don Suero llevaba colgada al cuello cada jueves una argolla metálica, como prueba de amor hacia su dama. El motivo para proponer las justas del puente era poderse librar de dicha argolla peregrinando a Santiago después de haber vencido a todos los caballeros que se presentasen en dicho puente y tras haber roto 300 lanzas. Cuando terminó el torneo, don Suero y sus amigos se dirigieron en peregrinación a Santiago a cumplir con la promesa hecha. Don Suero depositó allí la argolla y la cinta azul que simbolizaba su amor por la dama y en la que estaba escrita una leyenda que lo atestiguaba.
Ya tenemos la sexta etapa completa, cada vez mas cerca de Santiago.
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